Crónica de José Salazar Aviña
La tarde de ayer jueves 12 de marzo de este año 2026, se vistió de gala el Auditorio “Ramón Villalobos Castillo” de la Casa del Arte “Dr. Vicente Preciado Zacarías”, perteneciente al Centro Universitario del Sur (CUSur). Bajo el cobijo de la Universidad de Guadalajara, los miembros de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos (SCEH) nos reunimos para estrechar los lazos de lo que llamamos una “república cultural” que une a Colima y Jalisco.

El arquitecto Fernando G. Castolo, anfitrión del evento, dio la bienvenida con un tono relajado, alejándose del “academismo” rígido para proponer un conversatorio desenfadado que permitiera desgranar los contenidos y “continentes” de la revista. Con la transmisión en vivo de Zapotlán Gráfico, el evento conectó no solo a los presentes, sino a una audiencia virtual interesada en la memoria regional.

Uno de los momentos más dinámicos ocurrió cuando el presidente de la Sociedad, el maestro Noé Guerra Pimentel, desafió la tradición del papel. Ante un auditorio atento, invitó a los asistentes a sacar sus celulares y escanear un código QR proyectado en pantalla. “No la vamos a hojear aquí, la van a hojear ustedes en su celular”, sentenció, marcando un hito en la evolución de la revista que, tras 30 años de existencia, busca adaptarse a las nuevas plataformas digitales para alcanzar a los jóvenes y así perder terreno de la brecha intergeneracional.
Guerra Pimentel explicó que esta edición está dedicada íntegramente al municipio de Comala, gracias a la apertura de su ayuntamiento y al interés de los socios por expandir la geografía cultural de la SCEH más allá de los límites de Colima.

Con la fortuna de habérseme concedido la palabra, tuve la fortuna de emprender un viaje literario e histórico por las páginas de la edición número 45. Inicié evocando a Juan Rulfo, citando ese aroma a naranja y calor que define la atmósfera de Comala en Pedro Páramo.
La crónica visual y científica de la revista destacó por El coloso de fuego. Se resaltó la colaboración del geólogo Carlos Navarro Ochoa, quien a través de su narrativa y mapas de peligros, explica cómo el volcán ha moldeado el suelo y el ritmo de vida de los comaltecos.
Se mencionaron las “Voces de Comala”, un catálogo de personajes y artistas compilado por Enrique Ceballos, y el legado de figuras como Alberto Isaac y Alejandro Rangel Hidalgo.
No faltó la mención al ponche de Comala, descrito por Mirtea Acuña y Cuauhtémoc Gálvez como un “elíxir de dioses” que simboliza el encuentro de dos mundos.
El evento también fue un espacio de profunda nostalgia y reconocimiento. Se rindió homenaje a los fundadores y socios fallecidos, como María Ahumada Peregrina, Juan Oseguera Velázquez y Florentino Vázquez Lara, cuyos nombres resuenan como los pilares que permitieron a la Sociedad cumplir 38 años de vida formal.
La maestra Mirtea Acuña, una de las fundadoras presentes, recordó con afecto las discusiones abiertas y amistosas en casa de doña María Ahumada, donde no importaban las ideologías, sino el amor por el conocimiento.
Para finalizar, el presidente Noé Guerra realizó un recorrido digital por la revista, mostrando desde el índice temático hasta las fichas de los 43 socios actuales. Se anunció que, aunque la versión digital ya está disponible, la versión impresa —descrita como “muy elegante” y de colección— estaría lista en pocos días con un costo de promoción de 150 pesos.

La jornada continuó con un brindis de honor en la parte externa del recinto, donde entre bocadillos y charlas históricas, los asistentes celebramos que, al final del día, la historia es un patrimonio vivo que se saborea y se recorre, tal como las calles blancas de Comala.
Pero ahí no termino la convivencia, nos fuimos raudos y veloces a una tradicional taquería zapotlanense, donde se pudo degustar el tradicional ponche de Comala, preámbulo de las jornadas en honor a San José, todo esto acompañado de unos buenos tacos para cerrar con broche de oro esta convivencia antes de emprender el regreso a casa.

Para finalizar esta velada, no quiero dejar pasar la oportunidad de compartir con ustedes lo que hay detrás de este esfuerzo editorial. Esta visita a Zapotlán el Grande no ha sido solo un acto académico, sino una verdadera jornada de camaradería que comenzó desde nuestra salida de Colima, además, gracias al espíritu de servicio de nuestra Sociedad, este viaje fue posible mediante el transporte gratuito para los socios, en un trayecto donde las charlas históricas y las risas reafirmaron que somos, ante todo, un grupo de amigos apasionados por nuestra tierra.
Por si fuera poco, ahí se anunció por parte de nuestro anfitrión, nuestro amigo José Fernando que nuestra “ruta rulfiana” apenas comienza y ya está gestionando nuevos espacios para llevar esta revista a Sayula, en el marco del festival a Juan Rulfo en mayo, y también a San Gabriel. Queremos que HISTÓRICA siga recorriendo los caminos de esta república cultural que compartimos entre Jalisco y Colima.

¡Muchas gracias a todos por acompañarnos y nos vemos y leemos en la siguiente aventura!