Jose Salazar Aviña

El pasado sábado 17 de enero, en el Auditorio Manuel Álvarez del Ayuntamiento de Colima, asistimos al renacimiento de una historia que cumplió 462 años de vida. Bajo el marco del quinto centenario de la fundación de la Villa de San Sebastián de la provincia de Colima, el Dr. Jesús Medina García desentrañó los hilos de la “globalización temprana”, un fenómeno que comenzó no con el internet, sino con la madera crujiente de los galeones y el despliegue de velas sobre la mar océana.

El inicio de todo fue el antiguo puerto de la Navidad y una Cédula Real. La historia oficial, a menudo centrada en el Atlántico, olvida que el destino del mundo se selló en las costas de lo que hoy es Barra de Navidad. Según una Cédula Real de 1560 emitida por Felipe II, se ordenó específicamente que la expedición de Miguel López de Legazpi y Fray Andrés de Urdaneta zarpara desde el puerto ya mencionado. Este punto estratégico no fue elegido al azar; ya había sido testigo de las incursiones de figuras como Hernán Cortés y Pedro de Alvarado en busca de perlas y nuevas rutas.

La crónica de esta ruta está teñida de “grilla” política y ambición. Aunque el mérito del “tornaviaje” (el regreso de Asia a América) se le otorga institucionalmente a Urdaneta en 1565, existe la figura polémica de Alonso de Arellano, quien a bordo del “patache” (un barco pequeño), se separó de la expedición principal y regresó al continente antes que nadie,. Sin embargo, mientras Legazpi representaba el poder económico y Urdaneta la legitimidad del clero y la corona, Arellano fue visto como un oportunista que buscaba mercedes reales sin el respaldo oficial, quedando relegado a los márgenes de la gloria institucional,

La ruta del galeón no fue eterna; duró 250 años y sucumbió ante la presión de la historia y la tecnología. Mientras España seguía apostando por los pesados y lentos galeones de 500 toneladas, potencias como Inglaterra desarrollaban fragatas más ágiles que ya utilizaban el vapor. Esta brecha tecnológica, sumada a la derrota de la Armada Invencible, marcó el cambio de estafeta en el dominio de los mares. Finalmente, en 1815, con la toma de Acapulco por el Generalísimo Morelos durante la Guerra de Independencia, la ruta se cerró temporalmente.

El impacto más profundo de esta ruta no fue la seda o las especias, sino el “mestizaje forzado” y el sincretismo cultural. El Dr. Medina García destacó la existencia de una “tercera raíz” en México, alimentada por esclavos africanos e hindúes que llegaron no solo por Veracruz, sino por el Pacífico, Un ejemplo impactante de este legado es la comunidad de Maruata; según los expertos mencionados, el término “guata” significa “negro” en filipino, y el lugar servía como un punto donde se “engordaba” a los esclavos desnutridos antes de ser vendidos.
Hoy, el reto es rescatar este pasado del olvido. A pesar de que Barra de Navidad posee una característica única en el mundo como cuna de la globalización, los esfuerzos para capitalizar este patrimonio han sido difíciles. Existe un proyecto para un Museo Interactivo del Galeón de Manila en Barra de Navidad, impulsado por la Universidad de Guadalajara y la comunidad filipina en Estados Unidos, pero se enfrenta a la apatía de algunos sectores locales que aún no comprenden la magnitud de la riqueza histórica que pisan.

Esta crónica no es solo sobre barcos; es sobre cómo México administró las Filipinas, pagó sus nóminas (el llamado “situado”) y se convirtió en el puente de un mundo que, por primera vez, estaba totalmente interconectado. La historia sigue viva, y como señaló el doctor, es necesario traer esos hilos del pasado al presente para entender quiénes somos realmente en este espejo de múltiples raíces.