Abelardo Ahumada
El domingo 3 de septiembre, mientras estábamos disfrutando de una parrillada y un tequila artesanal en el balneario de El Salto, municipio de Minatitlán, uno de los miembros del grupo “Caminantes Bohemios” le propuso al resto que, actuando muy fuera de las actividades ordinarias, acudieran en una próxima ocasión a la cantina El Taurino, la más antigua y tradicional de la ciudad de Colima, ¡con todo y esposas!
La propuesta prendió y para pronto se tomó el acuerdo de que la cita habría de ser el jueves inmediato (7 del mismo mes), a las 2 pm. Y es que lo cierto era que varios de los integrantes nunca habían pisado ese sitio, y las esposas menos.

A la reunión acudieron (ojalá no se me olvide nadie), el escultor Mario Rendón Lozano; su esposa, la Maestra Blanca Garduño, historiadora del arte; el odontólogo y poeta Ángel Gaona; el maestro Jorge Romero, que ha dedicado gran parte de su vida a rescatar instrumentos prehispánicos y a hacer música con ellos; el médico José Salazar Aviña, presidente de los Cronistas de Colima; el profesor Benjamín Cruz Ascencio, cronista de Suchitlán y compositor de sones de mariachi; el doctor en Pedagogía José Luis Márquez Figueroa; el doctor en matemáticas Bernardo Rincón y su esposa Tely Velasco; el doctor en Pedagogía también Sergio Chapela, y su esposa, la maestra Meche Magaña;

el genial “monero” (o cartonista) Álvaro Rivera, “Rima”; el contador público y editor Enrique Ceballos Ramos, mi esposa Olga Leticia Carrillo y yo, teniendo como invitado especial al maestro de danza Salvador Dávila Esquivel, fundador y primer director del ballet folclórico Tzome. Departiendo todos con sabrosas botanas, “bebidas espirituosas con moderación”, en un ambiente alegre y de gran camaradería, lleno de interesantes comentarios y chispeantes ocurrencias.

Entre los detalles a resaltar destaca el hecho de que el maestro Mario y el maestro Jorge pidieron permiso para pasar a tomarse una foto detrás del gran mostrador del antiguo y popular establecimiento. Y que cuando ya se habían retirado algunos de los compañeros, llegó al sitio un trío integrado por tres invidentes, dirigidos por el también genial y polifacético Vidal Sandoval. Con quien nos une una amistad de décadas.

Casi sobra decir que el ambiente se puso todavía más alegre con sus interpretaciones musicales y que para pronto varios del grupo nos pusimos a cantar con ellos. Siendo esta la segunda ocasión en que este redactor participa en una tertulia en la famosa cantina. Y habiendo sido la primera cuando el escritor y filósofo, Leopoldo Barragán, de manera completamente inesperada, pero no insólita, lo invitó a presentar y comentar su libro: “La filosofía bohemia de José Alfredo Jiménez”.

Pero como todo lo bueno se acaba, también la tertulia se terminó y poco a poco nos fuimos saliendo por las puertas de doble batiente.


